To do list.

Claramente debo entender que no estás. Que tus ojos ya no se detienen en mí.

Debo dejar que el silencio se adueñe de mi cuerpo por un tiempo.

Dejar de preguntarme ¿por qué?

Saber a ciencia cierta qué fue lo que destruiste, lo que destruí.

Recuento de daños, inventario de partes rotas, de partes vivas o de partes que quieran seguir viviendo.

Guardarte entre el aroma de la madera y las hojas de nuestro árbol favorito.

Enterrar los sueños en los que caminabas junto a mí.

Emborracharme de la ausencia de tu olor, llorarle al tiempo, a los caminos no vistos.

Borrar el paisaje que dibujaba en tu espalda.

Marchitarme por completo y volver.

Acorralarme, gritarme, rasgarme hasta que ya no haya más.

Claramente debo sacarme tus ojos de la mente, entender que el cielo ya no se vislumbra mejor desde tus besos.

26-03-15

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Desperté pensando en ti.

Saciar mi sed, liberar mis entrañas, soltarme, dejar ir.  Tantas formas de decirlo, tan pocas posibilidades de llevarlo a cabo.

Cambio mis suspiros perdidos por la rabia que arde dentro. Cambio las nostalgias por letras, palabras, líneas que me hagan salir de donde estoy.

Nada tiene sentido aún, me encuentro donde no se buscarme, me busco por donde se que no estaré.

Me alimento con acentos, tabaco, risas optimistas, cafés tan amargos como la propia vida que decidí llevar.

Decidí no mencionarte, enterrarte en el mismo sitio en donde los arboles crecen todo el año, donde las ramas rotas no tienen cabida. Te necesito ahí, donde ya no puedes hacerme daño. Donde puedas transformarte en algo más que dolor, impaciencia, angustia, ansiedad, muerte.

Pero cuando tu cara se aparece de pronto entre los días que en mi mente intento hacer veranos, pero que de alegría no tienen nada, busco tus ojos, busco mi cielo, mis ganas de sonreír, mis ganas de hacer que me ames.  Mi dependencia te busca, se quedó sin nombre, mis brazos se rindieron una noche que sigue sin terminar.

¿Has visto como le amanece a la gente triste? Con hojas secas, aroma de rosas sin vida, con grietas en las palmas, con los pies sin rumbo.

Quiero dejarte ir. Aunque haya mentido cuando dije que decidí no mencionarte más. Quiero callar tu tormenta, cerrar tus ojos,  darle el adiós necesario y justo a las garras de jade que me dieron vida por tanto tiempo. Quédate tus alas, quédate tus peros, tus excusas para no quererme más, quédate el rincón que reservamos para mirar el fin del mundo, porque yo lo veo venir y no estás a un lado para tomarme de la mano.

11It03is15time.

El amor es un gato.

Le huyen a las avenidas grandes, al tránsito de la gente. A veces intentan cruzar la calle pero los faros de los autos en la noche los asustan, se paralizan, algunos han muerto así, otros escapan y alcanzan a llegar a la otra acera o se refugian dando unos pasos atrás.

Disfrutan de los lugares altos, fríos, alejados de la sociedad que sólo les estorba para pensar con claridad en sabe qué cosas. Se asustan cuando canto, se pierden en las sombras si empiezo a bailar, mi felicidad les es indiferente pero mi intento por fingirla los altera.

Se quedan mirando al cielo, a puntos fijos donde yo no veo nada que me llame la atención, por la noche me maúllan junto a la puerta para que los deje entrar, y yo fatigada de luchar les abro la puerta.  Hacemos las pases, los acaricio y ellos ronronean en mi pecho. Al dormir no los veo más si tengo suerte, aunque a veces hay charcos de memoria que me invaden a la mitad de un sueño, gatos, gatos por doquier, gatos de todos tamaños y colores. Me persiguen y acorralan en un callejón y nunca sé qué es lo que quieren, sé que se ríen de mí, que si quisieran me clavarían sus garras en la piel, pero no lo hacen, esperan pacientes a que me derrumbe en un mar de lágrimas y despierte apretando la almohada y susurrando tu nombre.

“…dejándose caer

… para levantarse mejor con el impulso.”

Partially-Completed Portraitures erin kirkpatrick

(Arte de erin kirkpatrick)

No era un llanto como el que describe Cortázar, no eran lágrimas normales. No era algo que durara unos minutos, era la eternidad que le prometí a mi amor convertida en sufrimiento.  Era haberme encontrado en la esquina más obscura y temida del techo de mi cuarto, era apretar los dedos y aspirar el tabaco como si esa fuera la respuesta. Un cigarro tras otro, y sólo  un espasmo de olvido.

Con los ojos nublados del amor que ya no es y la voz de alguien que intentaba salvarme, me repetía en silencio la misma frase, sin tener resultados  –Tienes que levantarte, tienes que levantarte.-  Parecía que mis articulaciones se habían convertido en polvo, que mis músculos eran  como el camino inmóvil en que se convirtió mi mente.

El tiempo y su relatividad. Que aunque ya le hubiera empezado a llorar al fin mucho antes de que terminara, me sigue salpicando el recuerdo, los mensajes sorpresa que grabé en cada parte de mi habitación para que su nombre me levantara en los peores días.

Pero tiene que haber algo más que el caer por amor y no querer levantarte jamás, debe haber más que suplicarle a mis miedos que callen por un rato.

Esquivo las miradas de la gente y sus interrogatorios, porque no sabría que responder. ¿Cómo les digo que esto no sólo es luchar por olvidar? Que esto es aniquilar una parte de mí que había amado por mucho tiempo, mis sueños, mis planes, mi entrega total tienen que desaparecer y yo sigo aquí llorándole al universo que me de otra oportunidad, que me deje brillar bajo su hechizo una vez más, que me deje hundirme en su cuello una vez más para poder seguir viviendo. Porque no sirve de nada seguir mintiéndome, estoy perdida. Estoy sola, estoy acabada. Y voy a seguir buscando su presencia por el resto de mi vida, un segundo de su mirada, sólo un suspiro de su voz.

Las luces se apagaron, los ecos de susurros y promesas se encargan de recordarme lo frio que puede ser vivir. Me queda seguir por mi instinto, guiarme por mis fuerzas.No permitirme acabar mal, tranquilizaré  mis ganas de derrumbarme en cada esquina, bajo cada árbol. Demostrarme a mí misma que soy capaz de hacer esto y más por lo único que me queda entre las manos. .

[1]

Mi vida como rituales pequeños, mi vida como iniciación, como nacer de nuevo, como despertar a un mundo que no conocía y que me ve con sus ojos abiertos de par en par como si ya me esperara.  Mi vida, tal vez, como un no saber a dónde ir, no saber qué camino elegir, como muerte, final, ciclos, duelos.

[26]

Entonces… ¿no me tengo ni a mí misma?

 There's hair in my smoke

(Imagen de GILLES VRANCKX)

No quiero pertenecerle a nadie, no quiero que nadie me pertenezca, pero tenía la esperanza de que pudiera confiar en ver hacia dentro cuando estuviera perdida en la nada.

Y ahora estando aquí instalada en el muro de concreto que dividía mis puertas, no me reconozco.

Hay luces de neón en los arcos de entrada, mi obscuridad ya no es la misma, la habitación ya no es segura.

He terminado escondiéndome, disimular, mírenme ser la persona más feliz de la ciudad.

Por primera vez las ramas de los árboles intentaron cerrarme el camino, el sol era ese que es perfecto para todo, la tarde se estaba yendo y los pájaros eran la única salvación de mi cordura, pero no había mas, sólo el ritmo extraño que seguían, anunciando el fin del día. Y los cables, y las lámparas, y los autos, y la gente y mis manos eran nada.

Podría haberme imaginado todos los finales, las flores se marchitan, las raíces crecen a donde no deben y los árboles deben caer. El tinte se cae, el café se enfría. El momento justo en que se desvanece una sonrisa (y yo y mi obsesión por observarlo de cerca), la intuición del nunca más. Pude imaginarme cada hora del día, cada día del mes, pero nunca un adiós real.

Quiero tenerlo todo. Quiero mi capacidad de amar y mi capacidad de ser yo misma. Seguir en el vientre de mi madre y saber correr de ella cuando quiera. No ser la que veo en el espejo y volver a usar mi reflejo como arma nuclear. Quiero mi columna intacta, mis mandíbulas marcadas de dolor, mis hormonas sin camino, el temor a la altura y al calor.

Una vez fui magia y me destruí, fui lo mejor de mi mundo y me entregué por completo, como suele pasar: no hay reembolso, ingenua. De las cenizas no se junta nada, no tengo ni huellas que dejar en el poco universo que me rodea, la escasa visión no distingue lo que soy, pero no dejo de correr.

[2]

Me, myself, and I

21

El miedo más fuerte es escupir mi mente en palabras que sólo yo podría entender, hacer las paces conmigo misma y perdonarme cada hueco que he dejado sin llenar por el simple hecho de creer que estoy mejor así. SI he intentado convertir mi tristeza en otra cosa corro el riesgo de haberme convertido en un monstruo lleno de rencor, que no está dirigido a nadie más que a mí. No necesito escribirle a alguien más, no necesito hablar tres horas sobre cómo solucionar un problema  de convivencia, no necesito dedicar canciones ni esperar amor a cambio. Me necesito en calma, no deseando la paz, sino respirando tierra mojada aun sabiendo que estoy en el desierto.

Después de pasar lo poco que llevo viviendo, (que realmente parece mucho comparado con la carga que tengo en mi mente), inventando discursos que dar a la gente que me rodea sobre cómo no me importa que me vean feliz o no, sobre cómo no me importa que me hagan sonreír o que me hagan el favor de mejorarme la vida. Después de creer hacer las cosas como creí que eran correctas, me topé con la grandiosa idea de no ser suficiente. Toda esa charada de “hacer las paces con tus monstruos” no tiene nada de especial, lo saben ¿verdad? Un verdadero monstruo no sale a jugar cuando quieres, no está ahí para ti. No puedes simplemente crear algo asqueroso y esperar que vaya a sonreírte de vuelta.  No puedes pedir a gritos la soledad y luego sentarte en la sombra esperando a que alguien te ayude a encontrar el camino a casa.

Y entonces ¿qué sigue? si parece que no puedo moverme, me estanque en cuatro paredes  que no me dejan respirar, cambiar la perspectiva de mi vista parece imposible, quiero salir y las próximas salidas pertinentes no son más que intentos de muerte que no terminan bien.

Me siento capaz de tener todo lo que quiero y que la vida (“la vida” como si fuera un objeto manejable) me demuestre lo contrario me mantiene de pie sin nada que hacer. Tener fuerzas y no poder demostrarlas es prácticamente no tener nada, ser inservible para la única cosa que me ha demostrado valer la pena es imperdonable.  El único valor que se apega a mi calidad de vida es desaparecer cuando yo lo quiera, es decir, así como puedo demostrar ser la mejor persona para que mi familia y amigxs sonrían, puedo demostrar ser la escoria del mundo. Siempre me gustó la idea de tener a una persona en tu mano, ser capaz de que te odien y te amen con la misma facilidad, ganarte su cariño y luego BOOM, perderlas.  Porque no tienes nada que perder si realmente deseas la soledad, la soledad fría, pegajosa, sin salida, sin intenciones de que alguien venga a ayudarte, sabes que deseas tu propio infierno y de esa forma puedes desear todo. Tienes a toda persona que quieras tener, pero nadie te tiene a ti. La perfección de la vida.

La decisión más difícil se hace al inicio de la conversación, y se hace prácticamente sin pensar, en mi caso la mayoría, gran mayoría de las veces la decisión es la misma, hermetismo total. He practicado desde que tengo memoria, darle a la gente lo que quiere, que siempre termina siendo lo mismo: amistad. La gente necesita sentir confianza, sentirse libres con alguien exterior porque realmente no puedes sentir la libertad dentro de tu cráneo, aunque realmente sea la única libertad real posible, es difícil, imposible sentirla. Así que si alguien te da las alas que necesitas te enganchas de por vida.

Lo escribo porque lo sé, he tomado agua del mismo lago que todas las demás, he tenido el vientre lleno de ilusiones y la sonrisa más grande que el universo,  y no porque yo lo haya causado, no porque haya tenido lo que quería, sino que alguien, sutilmente y sin darme cuenta, me dio las alas que necesitaba para confiar. Fui libre con alguien, aunque al final me diera cuenta de que era algo fantasmal, igual de real que yo caminando por la luna mientras canto villancicos.

Tal vez mucha gente se dé cuenta y prefiera no decir nada, dejar que alguien más lidie con sus monstruos o hacer parecer que así es, tener mil amistades y luego antes de dormir lidiar con la soledad indeseable, pero no puede ser que yo siga viviendo así.

No tengo monstruos, soy uno de ellos. La simpatía de la gente, la comodidad, las tardes para recordar, las fotografías con caras felices, todo un teatro para tener algo de donde tragar antes de morir. Pretextos para no alimentar directamente el terror que se vive a diario. Nadie está feliz siendo lo que es, nadie está contento consigo mismo, pero el miedo es lo suficientemente abundante como para no abrir la boca o escribir sobre ello.

Hasta que llegas a un límite y tomas el riesgo de la próxima salida aunque sepas que lo único que te espera afuera es la soledad, la soledad como secreto, como infierno, como lo único real que conoces.